domingo, 2 de diciembre de 2007

EL SÍNDROME DEL MIEDO POSTLIBERAL

EL SÍNDROME DEL MIEDO POSTLIBERAL
F. Duque Ph.D.
Profesor titular Ciencias Políticas
Universidad de Los Lagos
Octubre de 2006

“El estado si quiere ser estable y sustentable debe tener una constitución congruente con los valores culturales de sus ciudadanos”. Esto lo dijo Aristóteles hace casi 2500 años atrás y los han seguido diciendo cientistas políticos en los años subsiguientes. Entre los más destacadas se pueden nombrar a Polibio, Maquiavelo, Bodino, Hobbes, Vico, Montesquieu, Hegel, Marx y Weber. En la actualidad la teoría culturalista es defendida por el funcionalismo, el estructuralismo, la teoría sistémica, la cibernética y en general la inmensa mayoría de la ciencia política contemporánea. Particularmente autores tales como Lipset, Almond, Verba, Coleman, Pye, Powell Huntington y particularmente Harry Eckstein. Este politólogo es el autor de la teoría de la congruencia que en forma muy resumida señala que el sistema económico, político y social debe ser compatible y congruente con el sistema cultural. Esto quiere decir que la democracia liberal y el capitalismo (sistema político y económico respectivamente) sólo funciona adecuadamente cuando la mayoría de los ciudadanos tienen en lo político, valores culturales favorables hacia la libertad individual, la responsabilidad y ética ciudadana, la participación política, el respeto por las opiniones ajenas, la asociatividad, la fraternidad y confianza en extraños y el amor por la comunidad y el país. En lo económico, la mayoría de los ciudadanos tiene lo que se llama “ética de trabajo”, es decir amar el trabajo no como medio de subsistencia, sino como medio para alcanzar la auto-realización. Por lo tanto, la mayoría es “trabajólica”, productiva y ahorrativa e invierte una gran proporción de sus ingresos. Los autores contemporáneos señalan que la democracia liberal y el capitalismo funcionan relativamente bien en lo países anglosajones porque llevan más de 1000 años de evolución y perfeccionamiento tanto de sus valores como de sus instituciones políticas y económicas. En cambio, sociedades que por un lado tienen una cultura autoritaria centralista, corporativa y por otro tienen valores favorables hacia el estatismo, proteccionismo, colectivismo y con una pobre ética de trabajo individual; invariablemente fracasan en sus intentos por construir un sistema liberal capitalista desarrollado. Lamentablemente todos estos intentos incongruentes terminan en rotundos fracasos y lo que es peor, crean condiciones sociopolíticas que hunden a las sociedades afectadas en el caos, la represión, y particularmente el miedo. La decadencia moral, económica, política y social es profunda y el precio se paga en miles de vidas humanas, la pobreza extrema y el subdesarrollo económico.

En el caso de Chile, los últimos 200 años parecen confirmar la teoría de Eckstein. Entre 1810 – 1829 se trató de construir la primera república liberal y naturalmente ello terminó en un rotundo fracaso. Luego, la segunda república liberal 1891 – 1920 también sufrió la misma suerte. El tercer intento liberal se inició en 1973 y ya se pueden detectar los primeros síntomas de su descomposición y eventual colapso.

El peso histórico del autoritarismo en lo político y el colectivismo estatal en lo económico es demasiado grande. Son muchos los siglos de historia. Primero las fuertes tradiciones culturales de un pueblo, como es la antigua civilización andina (varios miles de años) y luego las tradiciones autoritarias y colectivistas de varios siglos bajo el imperio español. Bajo este peso histórico abrumador, el liberalismo y capitalismo anglosajón no tiene nada que hacer.

La primera república liberal fue impuesta en Chile gracias a influencias externas. Principalmente derivadas de la revolución norteamericana y la revolución francesa. La segunda república liberal fue impuesta por el imperio británico a sangre y fuego a partir de 1891. La tercera república liberal fue impuesta por los Estados Unidos con la complicidad de la oligarquía y Pinochet. Las secuelas de la primera república sumieron a Chile en 10 años de anarquía y sufrimiento (1820 – 1829). Las consecuencias del segundo intento hundieron a Chile en los peores años de su vida republicana. “La cuestión social” es un eufemismo utilizado para señalar la gigantesca crisis social que sufrió la inmensa mayoría del pueblo chileno. Esto fue un martirio que duró casi 50 años, 1891 a 1938.

Los primeros síntomas del periodo sangriento de la “cuestión social” se dieron en la primera década del siglo 20. Marchas, huelgas, mítines, tomas de calles y plazas todas ellas invariablemente terminaron en masacres donde murieron miles de ciudadanos.

Un velo de miedo cayó sobre la sociedad chilena. Las clases obrera y campesina se transformaron en el enemigo interno y la oligarquía armada en la llamada “guardia blanca”, sembraba el terror por todas partes. El aparato estatal, lejos de resolver los problemas más apremiantes, de la “cuestión social” demostró una ineficiencia y corrupción asombrosa. Nada fue resuelto por el aparato público excepto la aniquilación de los dirigentes obreros y campesinos. Aquí el ejército y la policía demostraron una excepcional productividad. El ciclo de matanzas se inicia en Valparaíso en 1903. Los obreros casi muertos de hambre y bajo terribles condiciones laborales en los barcos y puertos, se declararon en huelga contra una compañía extranjera (Pacific Steam Navigation Co). Como resultado de esta masacre se produjeron docenas de muertos, cientos heridos y una enorme destrucción de la propiedad pública y privada. El detonante fueron disparos provenientes de las guardias blancas. La segunda matanza ocurrió en Santiago en octubre de 1905. La protesta se inició por el alza del precio de la carne. Se rompió el orden público, se saquearon negocios y se destruyó propiedad pública y privada. Nuevamente el detonante fue la violenta agresión al pueblo por parte de las guardias blancas. El resultado fue cientos de muertos y heridos.

Luego vino la matanza de Antofagasta en el verano de 1906. Una vez más la petición de los obreros era justa y razonable (más tiempo para almorzar), pero la compañía inglesa propietaria del ferrocarril, se negó a negociar. Los obreros son convocados a la plaza Colón, y una vez más son agredidos por las guardias blancas. El resultado fue de varios cientos de muertos y heridos.

La última matanza de este periodo tiene lugar en Iquique en diciembre de 1907. Aquí como en los casos anteriores, la guardia blanca provoca el conflicto, pero fueron las tropas del Estado las que masacraron al pueblo. Más de 3000 muertos y varios miles de heridos fue el resultado de este acto genocida. La asombrosa incapacidad e ineficiencia de las instituciones públicas impidió la resolución pacífica del conflicto social. Muchos políticos de la época sinceramente querían resolver las injusticias más aberrantes. Pero el Estado había sido reducido al extremo y desmantelado de todas las estructuras diseñadas para analizar y resolver demandas sociales. La única estructura intacta y no privatizada por los liberales fue el aparato coercitivo, (fuerzas armadas y policías). Este fue el aparato que se utilizó con un salvajismo poco común en el mundo civilizado. La oligarquía llena de pánico implementó un plan genocida contra el pueblo. Ahora, 100 años después, la historia parece repetirse. Una vez más el aparato estatal (gracias a los esfuerzos de los liberales) se ha reducido a su mínima expresión. No puede resolver con un mínimo de éxito las demandas sociales. Los funcionarios estatales necesarios para diseñar e implementar proyectos en forma eficaz y productiva no existen. La burocracia está politizada. Las órdenes políticas no se cumplen (un sólo ejemplo, aún hay niños sin almuerzos escolares ni pases para el transporte público en muchos lugares del territorio nacional).

La corrupta burocracia chilena sólo puede dar bienes y servicios virtuales (tales como subsidios ridículos o largas negociaciones con los ciudadanos afectados). Pero soluciones definitivas, eficientes y sustentables en áreas tales como educación, salud, transporte, vivienda, seguridad social, seguridad pública, justicia, energía, salarios, trabajo, deportes, etc., son por lo general un sueño aún muy distante.

El problema principal radica en que el pueblo (así como a comienzos del siglo 20) le ha perdido el miedo a la represión y sale a las calles a demandar sus derechos. Algunos ya han caído en la violencia. La oligarquía dominante (la misma del siglo 19 y del siglo 20) está entrando en pánico y demandando mano dura. No sería raro que de pronto se organicen nuevas “guardias blancas”. No obstante esta vez, la correlación de fuerzas es totalmente diferente a la que se dio a comienzos del siglo 20. Hoy existe la comunicación instantánea y las posibles futuras masacres seguramente serán difundidas por CNN a todo el mundo. Además, la elite chilena está relativamente sola en América Latina. En varios países de la región, las fuerzas armadas son progresistas y populistas. Pero lo más importante, es que los Estados Unidos seguirán por muchos años ocupados por sus fútiles, incongruentes e irrelevantes esfuerzos destinados a democratizar Asia y el medio oriente. Esta pérdida de recursos y de tiempo será la razón principal por la cual no se tendrán fuerzas militares para vigilar y disciplinar el patio trasero de su imperio.

Así como en la década anterior a la 1ª guerra mundial, el síndrome del miedo post liberal se está gradualmente extendiendo por el planeta y Chile naturalmente, no es una excepción.

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