viernes, 3 de junio de 2011

CARTA A FERNANDO VIVEROS SOBRE VARGAS LLOSA


 

F. Duque Ph.D.
Cientista Político
Puerto Montt, Diciembre de 2010.


Estimado Fernando:

         He leído con mucha atención, tu artículo titulado “Vargas Llosa ¿por qué este modo de transitar del socialismo al liberalismo?” y presentado al grupo de Filosofía Política, ELEMENTOS DE COYUNTURA 33.

         El artículo señala que Vargas fue un dedicado marxista en su juventud y que hizo importantes contribuciones a la causa del socialismo, desde distintas tribunas intelectuales. No obstante, gradualmente se fue desilusionando con las arbitrariedades y corrupción que sufrieron los socialismos reales, particularmente el de la ex Unión Soviética.  Para él, todo el sueño terminó en una brutal dictadura. Posteriormente, Vargas aceleró su marcha hacia el liberalismo, cuando vio con horror, el descalabro civilizacional que se produjo con las dictaduras militares en América Latina.
Hoy día el distinguido autor es un firme defensor del neo liberalismo y predica que la democracia liberal, con su énfasis en el libre mercado, la libre competencia, la libertad de la empresa privada, el Estado de derecho, la libertad de imprenta, las elecciones libres y la rotación en el poder; son la mejor garantía de la felicidad y desarrollo de las naciones. Particularmente las naciones en vía de desarrollo de América Latina.

        
         En tu trabajo te preguntas ¿Cómo es posible que un brillante intelectual, cambie tan drásticamente de un extremo del espectro político (el marxismo) al otro extremo el neo liberalismo? En las líneas que siguen a continuación, trataré de presentar mis comentarios personales sobre esta gigantesca voltereta de adorar lo que antes se había odiado y de odiar lo que antes se había amado.

            A continuación te presentaré una simple hipótesis que a mi juicio podría explicar este tipo de revolución ideológica. Vargas Llosa en un famoso novelista que ganó un muy merecido premio de literatura. Poetas y novelistas no occidentales, pero educados en los valores y costumbres de la civilización occidental, tienen una fuerte tendencia a cambiar de ideologías en forma radical. Estos intelectuales son más emocionales que racionales y por lo tanto no se hacen grandes problemas con inconsistencias lógicas o con fenómenos  en que los porfiados hechos desmienten y niegan supuestas verdades ideológicas. Este tipo de intelectuales tienen una fuerte tendencia a transformarse “tontos útiles” ya sean de una u otra ideología.

         Si Vargas fuera un filósofo o cientista social de fama mundial, ahí sí yo me preocuparía del cambio en referencia. Pero nuestro premio novel no lo es. Por lo tanto lo que el piense o admire, para mí es un tanto irrelevante. Esto podría considerarse como un fenómeno algo triste pues su brillante intelecto es manipulado hábilmente por la oligarquía planetaria (los inversores globales) y naturalmente su prestigio declina ante la intelectualidad que verdaderamente entiende los problemas mundiales.

         Creo que si nuestro famoso autor conociera algunos principios básicos de ciencia política, como por ejemplo la teoría de la teleología pesimista, o la teoría de la anaciclosis; es probable que la extrema volatilidad de sus ideas hubiese sido mucho menor.

         La teleología pesimista clásica señala que la historia siempre avanza de lo bueno a lo malo. En otras palabras, el cambio histórico, siempre es para peor y todo tiempo pasado fue mejor. Por su parte la teoría de la anaciclosis, señala con claridad que las formas de gobierno se corrompen debido al mal uso del poder que las elites hacen del mismo. El poder es una fuerza así como la energía eléctrica, que cuando es mal utilizada puede electrocutar y destruir. El poder político invariablemente corrompe a los líderes que no han sido rigurosamente capacitados ni entrenados en el uso virtuoso de esta extremadamente potente y peligrosa energía vital. Es así como dentro de cualquiera civilización, pasada o presente, la mejor forma de gobierno es la monarquía virtuosa, pero ella desafortunadamente, cuando cae en manos inexpertas,  termina  por degenerarse en TIRANÍA. La sociedad víctima se rebela y nace la ARISTOCRACIA, pero esta invariablemente se corrompe en OLIGARQUÍA. La sociedad, nuevamente victimizada, se vuelve a rebelar y logra crear la DEMOCRACIA. Pero esta también se corrompe, y así nace la OCLOCRACIA. Aquí se destruye el Estado y de las cenizas de esta catástrofe, nace una nueva civilización. La que naturalmente es de inferior calidad que la civilización anterior. Por supuesto esta nueva civilización, sufre el mismo ciclo de degeneración y corrupción que invariablemente se repite en la historia de las civilizaciones.

         Toda la sabiduría politológica de occidente, formada entre el año 500 antes de Cristo y el año 1500 después de Cristo, llegó a aceptar estos conceptos y teorías como leyes inmutables. Esta fue la verdad política de griegos, romanos y de todo el mundo medieval europeo. No obstante, a partir del renacimiento en el siglo xvi, se produce un cambio paradigmático en el pensamiento occidental. Este cambió de pesimista a optimista. Se pensó con gran esperanza, que la razón, la lógica, la ciencia y el humanismo, podrían cambiar el curso de la historia y por fin se podría avanzar de lo malo a lo bueno. Los europeos empezaron a creer en un proceso de desarrollo positivo y por lo tanto a soñar con  que el futuro podría ser mejor que el presente y el pasado. Aquí nace la fuerte confianza occidental en la teoría del progreso constante.

         Como resultado de este gigantesco cambio, nace la modernidad y con ella nace la ideología liberal que lentamente reemplaza a la ideología conservadora, la cual fue dominante en el medioevo europeo. Este cambio político paradigmático, se produce pues el modelo medieval-feudal, no es capaz de resolver los problemas económicos, sociales, políticos y culturales.  El concepto de “nobleza obliga” (el rico y poderoso ayuda al pobre y débil por mandato divino), o sea la base ética del feudalismo, gradualmente dejó de existir y con ello la sociedad feudal se transformó en un infierno azotado lo los cuatro jinetes del Apocalipsis.

         El liberalismo fue así la esperanza de un futuro mejor. Dentro de esta visión optimista, se destacaron filósofos tales como, Smith, Ricardo, Locke. Montesquieu, Voltaire, Russeau y Stuar Mill, entre muchos otros. No obstante estas ideas optimistas, el absolutismo hobbsiano, reinaba supremo y este poder totalitario, llevó a la corrupción total de monarcas y nobles y como consecuencia, Europa se transformó en una región llena de injusticia y crueldad. A pesar de todo lo negativo, los teóricos liberales, observaron cómo una nueva clase social (la clase media) llena de virtuosos comerciantes (por lo general protestantes), llevaban vidas modestas y ejemplares y gracias a esta diligencia se habían transformado en verdaderos motores del progreso y desarrollo socioeconómico. Basándose en estos ejemplos, los filósofos liberales, proponían que la sociedad leviatánica fuera liberada del despotismo estatista, absolutista y corrupto de nobles y reyes. Si todo esto ocurría un nuevo mundo más racional y con bienestar, progreso y justicia para todos, florecería por todos lados. La producción de bienes y servicios estaría en manos de miles  de industriosos y éticos empresarios privados, estos gracias a la libre competencia, aumentarían constantemente la productividad, se crearían nuevos productos y bienes de buena calidad y baratos, para millones de consumidores ahora empleados en los miles de trabajos agrícolas y nuevas empresas industriales. El mercado libre, la libertad de comercio, la libertad de emprendimiento, los bajos impuestos, la libertad política, la libertad de prensa, el Estado de derecho, elecciones periódicas y la rotación de poder, eran así elementos claves para la felicidad y riqueza de las naciones.

         En el siglo xvii y xviii se produjeron las primeras revoluciones liberales y en los siglos xix y xx estos regímenes se consolidaron y expandieron por todo el planeta. No obstante, la libertad, la igualdad y la fraternidad sólo llegó para una ínfima minoría de la especie humana. Los honestos comerciantes se enriquecieron mucho más allá de sus sueños y se convirtieron en poderosos banqueros y financistas. Naturalmente, sus enormes fortunas y su poderoso poder político, los corrompieron irremediablemente. Con sus grandes capitales, estos financistas compraron a la competencia y formaron gigantescos conglomerados industriales y comerciales y así nació el corrupto monopolio capitalista, el cual posteriormente se convirtió en el corrupto monopolio imperialista de las multinacionales. Todo esto terminó catastróficamente en crisis económicas, dos guerras mundiales, matanzas y revoluciones. El siglo xx fue el siglo más sangriento e inestable en la historia de la humanidad. Este barbarismo de la razón occidental, demostró con creces que el optimismo de los filósofos liberales al final de cuentas estaba fuera de lugar. El ser humano sigue siendo corruptible por el porfiado fenómeno del poder. La brillante idea de la división de poderes, elaborada por Montesquieu, no produjo la ansiada libertad del ciudadano común. Ahora, a comienzos del siglo xxi, las oligarquías super ricas del planeta (los llamados inversores globales) al financiar y comprar elecciones, se han apoderado en muchos países, del poder ejecutivo, el legislativo y el judicial. Es decir, han concentrado, en forma más centralizada que antes, el poder del Estado. Los ricos han comprado casi todo el poder político y ahora son mucho más corruptos  y tienen más poder absoluto que la nobleza medieval. Es así como la libertad liberal es efectiva sólo para una ínfima minoría, pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene libertad alguna y por supuesto, tampoco tiene igualdad y fraternidad.

         El occidental aún no ha encontrado solución al problema de la corrupción política y es por eso que ninguna de las ideologías creadas por occidente (conservadurismo, liberalismo y marxismo) han podido implementarse en la realidad tal como sus creadores las soñaron. Al parecer, Vargas Llosa no entiende este fundamental problema. Así como tampoco parece entender el enorme cambio paradigmático que se está produciendo en el Este, particularmente en China.

         Los milenarios chinos, están experimentando con un nuevo modelo que podría denominarse Marxismo confucionista. Este marxismo pragmático, ha tenido un fenomenal éxito. Nunca antes en la historia de la humanidad han salido de la pobreza tantos millones de seres humanos. El éxito de este modelo radica en el hecho que la super elite del partido comunista chino, siguiendo a Confucio ha tomado muy en serio las enseñanzas de los clásicos, particularmente Sócrates, Platón y Aristóteles. El actual liderazgo chino, es  talvez la elite política mejor preparada que el planeta jamás ha tenido antes. La elite es sometida a un riguroso proceso de educación y formación de cuadros dirigentes que toman muchos años académicos y ella se da en las escuelas de educación superior del partido comunista. Estas instituciones educacionales han logrado socializar con éxito a la cúspide superior del partido y ahora ellas luchan desesperadamente por socializar en principios éticos fundamentales a los mandos medios y a la base organizacional de la pirámide partidaria. Si la cúpula del partido logra con éxito reducir la gran corrupción prevaleciente en mandos medios e inferiores (particularmente nivel local) China habrá dado un salto enorme en el proceso de desarrollo civilizacional. El estado chino, podrá así controlar con éxito el hasta ahora inevitable proceso de corrupción de las elites. Se podría decir que en gran medida, que del éxito o fracaso de este proceso, depende talvez el futuro de la humanidad.

         Si China logra crear una clase de filósofos reyes dotada de conocimiento, habilidades, competencias y valores suficientes, particularmente un sólida ética confucionana, entonces por fin la ciencia, la lógica y la razón serán sometidas al control de la ética, y con ello, por fin se podrá controlar y reducir la barbarie de la razón.  Si China logra el sueño de Platón, la humanidad podrá sobrevivir; pero si China fracasa, probablemente, la humanidad entrará en la barbarie total, es decir, un proceso de degeneración civilizacional parecido al que ocurrió después de la caída del imperio romano. En el ínter tanto, la elite del partido se mantiene fuertemente cohesionada y preocupada de mantener y desarrollar una nueva y rigurosa ética ideológica.

         En el congreso de 1978, la elite decidió terminar con los errores de Mao. Este, contrariando a Marx, pensó que se podía avanzar al socialismo en un país pobre, agrario y subdesarrollado. Los líderes decidieron también que a partir de 1980 se haría todo lo que fuese necesario para, rápidamente, transformar a China en un país rico y poderoso. Se vendería el alma al diablo si ello fuera necesario. Pero una vez que China fuera una super potencia industrial y militarmente inexpugnable,  se retomaría la interrumpida marcha hacia el socialismo. Pero esta vez, un socialismo de corte oriental basado en valores comunitarios, colectivistas y con abundantes capacidades de emprendimiento e innovación propias de la ética confucionista. Ante el fracaso de las ideologías occidentales, puede que este modelo oriental sea el futuro de la humanidad.  Naturalmente, Vargas Llosa, de todo esto, parece saber muy poco.

         El ilustre premio novel de literatura no logra comprender que una vez más vaya en vías de equivocarse. La primera equivocación fue confundir el socialismo real con el socialismo teórico y así cambiar sus ideales de juventud por los ideales neoliberales. Probablemente, ahora nuevamente se equivocará, al no comprender por qué, su adorado mundo neo liberal y occidental, se esta derrumbando como un castillo de naipes.

         Su venerado occidente es una civilización en proceso de declinación. Europa está a punto de desintegrarse económicamente y Estados Unidos de América, ha entrado en una larga crisis de estancamiento deflacionario que probablemente durará muchos años. Para colmo, el país se está desangrando, ya que está gastando más de un trillón de dólares por año en una guerra contra la civilización islámica que por cierto,  ya perdió. Aunque todos estos graves problemas no existieran, el modelo neo liberal occidental está sentenciado a desaparecer. Él es incapaz de resolver gravísimos problemas civilizacionales, algo parecido a lo que pasó cuando el feudalismo dejó de ser efectivo. Sólo el problema del cambio climático determinará que el modelo liberal capitalista, debe ser sacrificado y enterrado con rapidez si es que se quiere que los millones de seres humanos que pertenecen a esta civilización, puedan seguir viviendo con algún grado de prosperidad.

         Las corruptas elites occidentales están tratando la crisis existencial de su civilización con planes y políticas destinadas a destruir el estado de bienestar creado después de la segunda guerra mundial. Los obvios intentos por salvar a los dueños de los bancos y a los inversionistas globales a costa del estándar de vida de sus pueblos, es una indicación más del nivel de corrupción al que se ha llegado. Esta descabellada decisión, conlleva una alta probabilidad que se inicie una lucha de clases, muy similar a la que eventualmente desató la primera y segunda guerras mundiales. Ahora, el planeta entero se está empezando a dar cuenta que occidente sin colonias para explotar, está condenado a un inevitable proceso de declinación económica. La riqueza de occidente en los últimos 200 años, se hizo en gran parte a costa de la pobreza del tercer mundo. Ahora, la creciente riqueza del tercer mundo está determinando, así como en un juego suma cero, la pobreza de Europa y de sus excolonias en América y Oceanía.

         Al parecer, las predicciones de Spengler y Toynbee hechas  a comienzos del siglo xx, ya se están cumpliendo. Naturalmente, nuestro famoso novelista y premio novel de literatura, no tiene mucho tiempo para estudiar estos acontecimientos que se han empezado a producir con la llegada del siglo xxi. Es así como no puede entender el movimiento de liberación latinoamericano, no entiende a Bolivia y tampoco es capaz de anticipar los enormes cambios que se ven en el horizonte de su propio país. Su fantástica capacidad para entender los miles de micro problemas individuales de los personajes de sus brillantes novelas, no le han dado tiempo para entender la marcha de la  sociedad toda.

         En conclusión, Vargas Llosa parece ser un brillante psicólogo costumbrista, pero es un pobre, desinformado y confuso cientista político. Entiende a la perfección las penurias de cada uno de los miles de árboles, pero no entiende el pasado, el presente y el futuro del bosque. Como dice el dicho popular que Vargas Llosa debe conocer al dedillo: “pastelero a tus pasteles”. Este brillante novelista debe dedicarse a seguir escribiendo novelas, y por su propio prestigio y dignidad profesional, debería evitar hacer el ridículo con sus análisis, explicaciones y predicciones relacionadas con la filosofía política.

        

2 comentarios:

Unknown dijo...

Excelente aclaratoria, creo que sería interesante profesor duque incorporar en el análisis los elementos teóricos del utilitarismo de J. Bentham de los cuales se nutre el neoliberalismo también.

Norberto dijo...

En nuestro medio tenemos dos ejemplos de cambios drásticos desde la izquierda. Uno es el escritor Roberto Ampuero (JJCC) y otro es Mauricio Rojas (MIR), ambos recibidos con mucho entusiasmo por la derecha. Brillantes ejemplos seducidos por la economía de libre mercado.
Ver los abusos del poder de un lado y no percatarse de los del otro extremo, es no entender a las personas, tampoco a la sociedad. Raro, ya que por su educación podrían haber estado más preparados para comprender los distintos matices de la política y su reconocida corrupción.
Deseaba comentar lo que leí hace pocas semanas, es de Bertran Russell, "Los caminos de la libertad", escrito en 1918, dice:- La gran mayoría de los hombres y de las mujeres, en tiempo normal, pasan a través de la vida sin contemplar ni criticar,en general, ni de sus condiciones propias ni las de los demás. Se encuentran colocados en cierto lugar de la sociedad y aceptan lo que cada día aquella les ofrece, sin hacer ningún esfuerzo por pensar más allá de lo que requiere el momento inmediato.