viernes, 3 de junio de 2011

EL INCENDIO DE LA CARCEL DE SAN MIGUEL Y LA FALTA DE COHESION SOCIAL.




Fernando Duque, Ph.D.
Cientista Político
Puerto Montt, diciembre de 2010


            En la primera plana del diario La Tercera del 9 de diciembre del 2010 aparece el siguiente titular “Muerte de 81 reclusos. Evidencia de colapso del sistema carcelario chileno”. Mas abajo se indica que una riña causó a las 5: 45, el incendio de la torre 5 del penal de San Miguel, cuyas victimas fatales en su mayoría eran reos jóvenes y primerizos. El penal con capacidad para 1.100 reos, albergaba 1.924 y desde hace años se venía denunciando las condiciones de hacinamiento, insalubridad y violencia en que este funcionaba.
            La primera plana luego muestra también una gran fotografía con los restos incinerados de literas y somieres. Al costado izquierdo de la página hay una breve inserción que señala que existe un informe del instituto de derechos humanos que critica las graves condiciones de los penales chilenos y que dicho informe se prepara de hace ya 2 meses. La inserción también indica, que en 23 de las 101 cárceles del país, el número de reclusos duplica su capacidad y en algunos casos el hacinamiento es del 400%.
            Más abajo hay otra inserción  que denuncia que “las riñas y el tráfico de alcohol marcan rutina en la cárcel”. Se señala que según los familiares de los reclusos es posible ingresar sustancias prohibidas y también celulares.
            La primera plana se completa con el anuncio de una entrevista al Presidente de la Republica y se incluye una cita del presidente Piñera donde informa que: “la tragedia es una oportunidad para mejorar el sistema”. Aquí termina la descripción de la primera plana de La Tercera.
            Esta tragedia me impulsó a revisar mis archivos y encontré un largo trabajo de 61  páginas que preparé en enero del año 2008. Este trabajo se titula: “Comunidad y desarrollo humano. Los casos de Noruega y Chile. Una comparación”.
            En la pagina 16 del trabajo en referencia, se dice textualmente “El trato de los presos (en Noruega) es otra demostración de esta conducta no manipulativa. A los presos se les trata con dignidad y existe gran cooperación entre presos y guardias. Por lo general los presos no hacen causa común frente a los guardias y por supuesto, no se dan los estallidos de rebelión presidiaria tan común en países atrasados y subdesarrollados. Los presos defienden sus intereses estudiando y aplicando las reglas que rigen el sistema presidiario” (Eckstein, h. (1966) Division and Cohesión in Democracy. A Study of Norway. New Jersey, Princeton University Press).
            Por su parte en la página 41de este trabajo del año 2008 se hace referencia a Chile y se señala textualmente “Otro indicador de esta conducta utilitaria y manipulativa (en Chile) puede observarse en las prácticas y modos de funcionamiento prevalecientes en las cárceles chilenas. Los presos no son tratados con dignidad sino que son tratados en forma infrahumana y naturalmente la cooperación entre presos y guardias es prácticamente nula. Los presos por lo general hacen causa común con otros presos. Como consecuencia, los motines, revueltas e intentos de fuga son relativamente frecuentes. Naturalmente que en esta área, también hay una aberrante discriminación. Los delincuentes de la oligarquía y ex oficiales de las fuerzas armadas sirven sus sentencias en cárceles especiales donde gozan de tratos y privilegios que los delincuentes pobres no tienen. Se ha llegado a decir que las cárceles para los ricos se parecen a hoteles de 5 estrellas” 
            ¿Qué causas o factores podrían utilizarse para explicar un trato y conducta tan diferente? La literatura especializada en cohesión social y sentido de comunidad da algunas respuestas a estas interrogantes.
            La ciencia política moderna, ha dedicado una gran cantidad de tiempo y talento para analizar el problema de la cohesión social. Entre los autores más importantes están:  Stuart Mill, Almond, Verba, Ortega y Gasset, Simpson, Easton, Pye, Weber, Deutch, Tonnies, Eckstein y Huntington. Estos dos últimos han hecho los trabajos más completos y por ello este paper los utiliza extensivamente (Harry Eckstein (1966): Division and Cohesión in Democracy,  A Study of Norway. New Jersey, Princeton University,  Presspg. 76 – 80; Samuel P. Huntington (2004),  Who are we? The Challanges to America’s Nacional Identity.  New York, Simon and Schuster pgs. 12 – 21).
            Para estos autores, el rol fundamental y más importante de toda elite política, es crear identidad nacional, espíritu de comunidad y cohesión social. Esto se hace a través de la creación de condiciones para que la sociedad toda tenga niveles de justicia y equidad equilibrada. Además debe existir una educación y socialización a todos los niveles societales.  Este importantísimo trabajo toma muchas décadas  de esfuerzo y sacrificio constante. La elite política tiene la obligación central de crear un sano patriotismo y alta lealtad hacia la nación-Estado. Este debe ser el grupo humano que recibe las más altas frecuencias cuando a los ciudadanos se les pregunta por que grupo humano darían su vida y harían los máximos sacrificios. La respuesta correcta invariablemente tiene que ser hacia la nación-estado. Cuando esto ocurre, la elite política ha tenido éxito en crear identidad nacional, espíritu de comunidad y altísima cohesión social.
            Todo esto se grafica con las famosas curvas de frecuencia. Se hace un cuadro con dos variables. En la variable vertical se indican las frecuencias (lealtades) alcanzadas por los grupos humanos seleccionados.  En la línea horizontal, se ubican los grupos humanos a los cuales se asignan dichas frecuencias. De izquierda a derechas estos grupos son los siguientes: 1) familia, 2) clan, 3) tribu, 4) clase social, 5) subcultura, 6) raza, 7) Estado-nación, 8) civilización a la que el Estado pertenece, 9) religión y 10) planeta tierra.
            A vía de ejemplo, los autores señalan, que en los países musulmanes, el gráfico presenta una curva en forma de  U. Es decir, existe un gran amor, cariño y lealtad hacia la familia, el clan y la tribu, pero no hay devoción ni cariño por el estado Nación. El centro de la curva está vacío, y este fenómeno crea una enorme inestabilidad en el sistema político que tienen los países musulmanes. No obstante, las lealtades, aumentan significativamente en el lado derecho de la curva, esto porque las poblaciones de estos países tienen gran cariño y lealtad hacia la religión musulmana y también hacia el “unmah” es decir, el mundo musulmán.
            En los países desarrollados de occidente, particularmente, los pueblos escandinavos y muy especialmente Noruega, la curva de frecuencias, es una perfecta curva de Gauss, es decir una “U” invertida  (Ç).  Los ciudadanos de estos países, en su respuesta a la pregunta por que  grupo humano harían el máximo sacrificio, responden que lo harían por la nación-Estado. Y esto es por que el Estado escandinavo ha creado un ejemplar estado de bienestar que protege a sus ciudadanos desde el nacimiento hasta la muerte. Existe equidad, justicia, adecuada distribución del ingreso y un generalizado sentimiento de bienestar.  Con toda razón se puede decir que ellos aman a su país por sobre todas las cosas. Este sano y ferviente patriotismo, hace que las naciones escandinavas tengan los más altos indicadores de identidad, comunidad y cohesión social.
            En los países subdesarrollados de América Latina, África y sur de Asia, las elites políticas han fracasado por siglos en su fundamental tarea de crear una sociedad justa y una adecuada socialización política. Por lo tanto las más altas frecuencias de lealtad son hacia la familia, el clan y la tribu, y en algunos casos hacia las subculturas nacionales. Desafortunadamente, no hay lealtad ni amor por la nación-Estado, ni por la civilización a la que ese Estado pertenece, ni menos a la humanidad en su conjunto. La curva tiene la forma de una ele (L) extendida. Los ciudadanos dedican su lealtad hacia los grupos primarios tales como la familia nuclear y la familia extendida y algo también de lealtad hacia las subculturas existentes,. Esto constituye el fenómeno denominado “familismo amoral generalizado” . estos individuos dan su vida por sus familias pero les importa muy poco el resto de los grupos humanos existentes en el planeta.  La falta de espíritu de comunidad, identidad nacional y cohesión social es un verdadero cáncer que termina por corromper el tejido social y debilita al Estado a un nivel tal, que este termina por ser absorbido por una potencia mejor organizada y con mayor cohesión social.
            En Noruega, se dan grandes diferencias políticas entre sus ciudadanos. En el parlamento noruego compiten por el poder político, partidos que van desde el comunista al partido ultra conservador. Como hay muchos partidos es difícil formar una coalición mayoritaria para poder gobernar con estabilidad y esto porque el sistema de votación es el sistema de representación proporcional.  Y cada grupo de presión tiene su propio partido político.
            No obstante, la enorme cohesión social y el fuerte espíritu de comunidad existente permiten que las grandes diferencias dentro del sistema político se resuelvan civilizada, armónica y fraternalmente. Los noruegos se respetan como miembros de un clan bien integrado o de una gran familia extendida; y su mayor lealtad es hacia la nación y el Estado noruego.  En la curva de distribución de frecuencias de Gauss, la lealtad a la nación y al estado y sus instituciones políticas recibe la mayor cantidad de frecuencias. La figura es una U invertida. El apego y lealtad hacia el Estado es muy superior a las lealtades que se dan hacia la familia nuclear, los grupos de interés, los partidos políticos, la clase social, la etnia, y la religión. Los noruegos aman y respetan a su país y sus conciudadanos, y este respeto es muy superior al de las otras agrupaciones humanas. Por supuesto, el recelo, el desprecio y la desconfianza hacia los extranjeros es sumamente exacerbado. Naturalmente ellos tienen uno o mas países enemigos al cual casi todos los noruegos odian cordialmente. Por muchos años los suecos ocuparon el papel de enemigo preferido, y ahora ese rol lo tienen los rusos y los alemanes.
            En chile la cohesión social es extremadamente baja y el espíritu de comunidad es sumamente limitado. Esto ha sido demostrado por cientos de trabajos sociológicos. Una pequeña muestra puede encontrarse en los siguientes textos: Contreras D. (2005) “La desigualdad de Oportunidades”. Perspectivas Económicas, Suplemento Revista Capital; Corporación Latinobarómetro (2007): Informe Latinobarómetro 2007 Santiago, Chile; Fazio, H. (2001) Crece la desigualdad. Otro mundo es posible. Santiago, Lom ediciones; Ffrench-Davis, R. (2001) Entre el Neoliberalismo y el Crecimiento con Equidad. Tres Décadas de Política Económica en Chile. Santiago, Dolmen ediciones; Larrain, J. (2001) Identidad chilena. Santiago, Lom ediciones; Nef, J. (1995) The Chilean Model. An analitycal assessment. Toronto, Toronto University Press; Nef, J. (1983) “The Revolution That Never Was: Perspectives on Democracy, Socialism and Repression in Chile”. Latin American Research Review. Vol XVIII, N° 1; Nef, J. (1984) “Dependencia Compleja y Transnacionalizacion del Estado”. Relaciones Internacionales, Nº 8 – 9; Pinto, J. y Salazar, G. (2002) Historia Contemporánea de Chile. Santiago, Lom ediciones; PNUD (2007). Informe sobre el Desarrollo Humano 2007 – 2008. New York, UN Press; PNUD (2002). El Desarrollo Humano en Chile. Nosotros los Chilenos, un desafió cultural. UN Press; Salazar, G. (1991). “The History of Popular Culture in Chile: Different Path” in K. Aman y C. Parker Popular Culture in Chile, Resistance and survival. Boulder Westview Press; Vial, G. (1987) Historia de Chile, Sociedad Chilena en el Cambio de Siglo (1981- 1920). Santiago, Vol 1, Tomo 1. Zig-Zag.
            En chile la U invertida de la curva de Gauss no existe, lo que si existe es una curva en forma de letra ele (L). En otras palabras, las más altas frecuencias en la lealtad de los chilenos son hacia su propia persona y su familia nuclear. Es decir, la inmensa mayoría de los chilenos son “Familistas Amorales”. El autor que discute este  es peculiar síndrome es Banfield (ver Banfield, E. C. (1958) The Moral Bases of a Backward Society. Glencoe, Il, The Free Press.). Luego existe algún grado de lealtad y empatía hacia vecinos y hacia una de las 6 subculturas actualmente existentes. En otras palabras, en Chile hay una extrema fragmentación cultural. El país carece de una sólida y compartida cultura homogénea; esto determina que la afiliación e identificación con la nación chilena y el Estado chileno y sus instituciones sea sumamente precaria. Es necesario señalar que también existe algún grado de identificación con la religión católica en el extremo derecho del grafico en “L” que representa las frecuencias indicadas.
            La falta de cohesión social y de identificación con un “nosotros” colectivo y que abarque a toda la sociedad sin exclusiones, determina que los chilenos tengan cinco características o indicadores negativos hacia la cohesión social, y ello en gran medida explica la tragedia del 8 de diciembre del 2010. Estas cinco características culturales negativas son las siguientes:
            Primero existe una patente tendencia a tratarse como objetos y no como sujetos dignos de respeto y empatía mutua. La mayoría de las relaciones interpersonales entre individuos que no son de una misma familia, amigos o correligionarios, son relaciones egoístas, manipulativas y altamente interesadas. En otras palabras hay la poderosa tendencia a abusar y utilizar al otro y no tratarlo como un ser humano digno de confianza, respeto y simpatía.
            En segundo lugar, se da una enorme y virulenta tendencia a la competitividad y al individualismo extremo. A veces parece que existe una guerra psicológica de todos contra todos. La amargura y preocupación se ve en la cara de la mayoría de los ciudadanos. Por lo general, aquel individuo que tiene una alta necesidad de logro, y busca la excelencia en su trabajo, o sea que honesta y sanamente se destaca, es rápidamente sujeto de envidia y del tradicional chaqueteo. Es decir, es víctima de la crítica destructiva, del chisme malicioso y del menosprecio malintencionado.
            En tercer lugar existe una enorme carencia de confianza en el otro. Esto determina que a los chilenos les cueste mucho asociarse para actuar y trabajar cooperativa y eficientemente en los distintos aspectos del diario vivir. Esta es una de las razones por las cuales el voluntarismo, el cooperativismo y la asociatividad empresarial no ha podido desarrollarse adecuadamente en el país. El formar sindicatos obreros, asociaciones de vecinos, asociaciones profesionales y asociaciones de empresarios, para cooperar por una causa común, por lo general se transforma en misiones difíciles y casi imposibles. Sólo un 5% de los chilenos participa en alguna organización de la sociedad civil, partido político o grupo de interés.
            Un cuarto indicador de falta de comunidad bien estructurada se da en los extremadamente altos índices de criminalidad. Los asaltos, robos, atropellos, asesinatos y daños a la propiedad pública y privada; llenan las noticias de periódicos, radio y televisión. Además es preciso señalar que el número de suicidios, particularmente de los jóvenes, ha aumentado en forma exponencial en los últimos 37 años.
            El ultimo indicador de falta de cohesión social y espíritu de comunidad se puede ver en el trato hacia los extranjeros. Los extranjeros de origen europeo son respetados y admirados y si es posible, tratados a cuerpo de rey. Se les trata de imitar es sus modales y costumbres. Para muchos chilenos, particularmente los de las clases sociales acomodadas, el ideal de la sociedad civilizada a la cual se aspira, es Europa occidental y los países anglosajones de Norteamérica y Australia. Estos individuos se sienten sumamente orgullosos cuando se les tilda de los “ingleses de América del Sur”. Las ideas, modas y estilos de estas sociedades admiradas tratan de ser copiadas como buenas y dignas de imitarse y practicarse. Para muchos, el poder hablar inglés es un signo de prestigio y distinción. Lo que es propio de nuestra cultura y tradiciones ancestrales populares, en no pocas oportunidades, es objeto de ocultamiento, vergüenza y desprestigio. Para colmo de los colmos, los chilenos no han podido crear un enemigo poderoso al cual todos puedan odiar cordialmente y así poder conseguir un mínimo nivel de cohesión social y espíritu de comunidad. El desprecio que se siente por peruanos, bolivianos entre otros no alcanza un nivel importante o significativo como para considerar a estas nacionalidades como un peligro inminente a la seguridad y sobrevivencia nacional. Es necesario recordar que el temor hacia un poderoso enemigo externo, (los otros) es  un factor que contribuye poderosamente a la creación del espíritu de comunidad y la cohesión social.
            Todo lo anterior pareciera indicar que la catástrofe de la cárcel de San Miguel no es un problema que se pueda usar como una oportunidad o un problema que se pueda solucionar con más leyes, reglamentos, mayores presupuestos y medidas técnicas. El objetivo de evitar nuevas catástrofes penitenciarias es mucho más complejo que lo que el presidente Piñera y su equipo cree. Este problema es mucho más difícil de resolver que el éxito de sacar 33 mineros enterrados a una profundidad de 700 metros bajo tierra. El crear adecuada cohesión social y potente espíritu de comunidad así como el que existe en Noruega, donde se considera al preso pobre como un pariente desafortunado, que ha caído temporalmente en desgracia y que es imperativo salvarlo y reeducarlo para trasformarlo en un ciudadano útil y virtuoso; es una tarea que en Chile tomará muchos años. El transformar una corrupta oclocracia en democracia como la Noruega seguramente va a tomar un par de generaciones. Todo esto en el muy optimista supuesto que la mayoría fervientemente desee salir del subdesarrollo cultural en que desgraciadamente hoy día se encuentra.
Las tremendas ineficiencias que se dan en la salud, la educación, la justicia, la seguridad social, la seguridad publica, la habitación, el transporte y el resto de los servicios que se dan para los pobres (el 80% de la población nacional*); naturalmente no se solucionaran con nuevas leyes y nuevas tecnologías. Estos son profundos problemas culturales y civilizacionales y por lo tanto, ellos requieren un radical cambio que no se mide en años sino en décadas.      
            El incendio de la cárcel de San Miguel, así como otras catástrofes carcelarias anteriores, es sólo síntoma de una grave enfermedad nacional. Chile padece de gangrena social. Y si ella no se trata y cura radicalmente, ella podría descomponer todo el cuerpo social. Un cuerpo social enfermo es presa fácil y está gravemente expuesto a trastornos tanto internos como externos. Como decía Maquiavelo en su teoría de la anaciclosis, el Estado oclocrático donde la mayoría se corrompe, es el fin del proceso degenerativo de las formas de gobierno. El Estado oclocrático invariablemente se desintegra  en guerras civiles, y eventualmente se transforma en colonia de una potencia mejor organizada, con sólido espíritu de comunidad y con una fuerte cohesión social.
  




* Si el ingreso familiar (familia de 4.4 individuos) es igual o inferior a $550.000  al mes, la canasta básica y servicios que se pueden comprar con este ingreso, ubica a estas familias como pobres. En esta condición está el 80% de las familias chilenas. FAZIO 2000 pp. 216 – 217; Ffrench Davis, 2001, pp 54. El 20 % de los chilenos más ricos recibe el 60 % del ingreso nacional y esto ha sido así desde el año 1958. Por el contrario, el 80 % más pobre, se lleva el 40 % del ingreso y también esto ha sido así desde 1958. El coeficiente de desigualdad  (Gini) es de 60. (PNUD, informe 2007 – 2008, p. 283; y D. Contreras Revista Capital 2005, p.5)

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